Mons. Romero pastor bueno lleno de amor de Dios y cercano a sus hermanos.

Redacción
El Rosario - Octubre 30, 2015





(RV).- El Papa Francisco recibió este viernes a una delegación de El Salvador que peregrina a Roma para agradecer la reciente beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero.


“Pastor bueno, lleno de amor de Dios y cercano a sus hermanos que, viviendo el dinamismo de las bienaventuranzas, llegó hasta la entrega de su vida de manera violenta, mientras celebraba la Eucaristía, Sacrificio del amor supremo, sellando con su propia sangre el Evangelio que anunciaba”, dijo el Papa sobre monseñor Romero proclamado beato el 23 de mayo en El Salvador.

El Obispo de Roma recordó la convicción de que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos” y agregó que la “sangre de un gran número de cristianos mártires que también hoy, de manera dramática, sigue siendo derramada en el campo del mundo, con la esperanza cierta que fructificará en una cosecha abundante de santidad, de justicia, reconciliación y amor de Dios”.

“Mártir no se nace. Es una gracia que el Señor concede, y que concierne en cierto modo a todos los bautizados” afirmó el Papa quien citó al arzobispo Romero para explicar que “dar la vida no significa sólo ser asesinados; dar la vida, tener espíritu de martirio, es entregarla en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana; dar la vida poco a poco”.


Asimismo, el Papa Francisco recordó que en la historia reciente de El Salvador al testimonio de Mons. Romero, se ha sumado el de otros hermanos y hermanas, como el padre Rutilio Grande. “Todos estos hermanos son un tesoro y una fundada esperanza para la Iglesia y para la sociedad salvadoreña. El impacto de su entrega se percibe todavía en nuestros días. Por la gracia del Espíritu Santo, fueron configurados con Cristo, como tantos testigos de la fe de todos los tiempos”.


A pocas semanas del inicio del Jubileo extraordinario de la Misericordia, el Papa aseguró que el ejemplo de Mons. Romero constituye para El Salvador “un estímulo para una renovada proclamación del Evangelio de Jesucristo, anunciándolo de modo que lo conozcan todas las personas, para que el amor misericordioso del Divino Salvador invada el corazón y la historia de su buena gente”.


(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).


Queridos hermanos en el Episcopado, autoridades, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, hermanos y hermanas.


       Con mucha alegría recibo hoy su visita y, al darles la más cordial bienvenida, deseo manifestarles también mi afecto por todos los hijos de la querida nación salvadoreña. Agradezco a Mons. José Luis Escobar, Presidente de la Conferencia Episcopal, sus amables palabras. A todos ustedes, muchas gracias por su presencia calurosa y entusiasta.


    Los trae a Roma la alegría por el reconocimiento como beato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, Pastor bueno, lleno de amor de Dios y cercano a sus hermanos que, viviendo el dinamismo de las bienaventuranzas, llegó hasta la entrega de su vida de manera violenta, mientras celebraba la Eucaristía, Sacrificio del amor supremo, sellando con su propia sangre el Evangelio que anunciaba.


    Desde los inicios de la vida de la Iglesia, los cristianos, persuadidos por las palabras de Cristo, que nos recuerda que «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo» (Jn 12,24), hemos tenido siempre la convicción de que la sangre de los mártires es semilla de cristianos, como dice Tertuliano. Sangre de un gran número de cristianos mártires que también hoy, de manera dramática, sigue siendo derramada en el campo del mundo, con la esperanza cierta que fructificará en una cosecha abundante de santidad, de justicia, reconciliación y amor de Dios. Pero recordemos que mártir no se nace. Es una gracia que el Señor concede, y que concierne en cierto modo a todos los bautizados. El Arzobispo Romero recordaba: «Debemos estar dispuestos a morir por nuestra fe, incluso si el Señor no nos concede este honor... Dar la vida no significa sólo ser asesinados; dar la vida, tener espíritu de martirio, es entregarla en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana; dar la vida poco a poco» (Audiencia General, 7 enero 2015).


    El mártir, en efecto, no es alguien que quedó relegado en el pasado, una bonita imagen que engalana nuestros templos y que recordamos con cierta nostalgia. No, el mártir es un hermano, una hermana, que continúa acompañándonos en el misterio de la comunión de los santos, y que, unido a Cristo, no se desentiende de nuestro peregrinar terreno, de nuestros sufrimientos, de nuestras angustias. En la historia reciente de ese querido país, al testimonio de Mons. Romero, se ha sumado el de otros hermanos y hermanas, como el padre Rutilio Grande, que, no temiendo perder su vida, la han ganado, y han sido constituidos intercesores de su pueblo ante el Viviente, que vive por los siglos de los siglos, y tiene en sus manos las llaves de la muerte y del abismo (cf. Ap 1,18). Todos estos hermanos son un tesoro y una fundada esperanza para la Iglesia y para la sociedad salvadoreña. El impacto de su entrega se percibe todavía en nuestros días. Por la gracia del Espíritu Santo, fueron configurados con Cristo, como tantos testigos de la fe de todos los tiempos.


    Queridos amigos salvadoreños, a pocas semanas del inicio el Jubileo extraordinario de la Misericordia, el ejemplo de Mons. Romero constituye para su querida nación un estímulo y una obra renovada de la proclamación del Evangelio de Jesucristo, anunciándolo de modo que lo conozcan todas las personas, para que el amor misericordioso del Divino Salvador invada el corazón y la historia de su buena gente. El santo pueblo de Dios que peregrina en el Salvador tiene aún por delante una serie de difíciles tareas, sigue necesitando, como el resto del mundo, del anuncio evangelizador que le permita testimoniar, en la comunión de la única Iglesia de Cristo, la auténtica vida cristiana, que le ayude a favorecer la promoción y el desarrollo de una nación en busca de la verdadera justicia, la auténtica paz y la reconciliación de los corazones.


    En esta ocasión, con tanto afecto por cada uno de ustedes aquí presentes y por todos los salvadoreños, hago míos los sentimientos del beato Monseñor Romero, que con fundada esperanza ansiaba ver la llegada del feliz momento en el que desapareciera de El Salvador la terrible tragedia del sufrimiento de tantos de nuestros hermanos a causa del odio, la violencia y la injusticia. Que el Señor, con una lluvia de misericordia y bondad, con un torrente de gracias, convierta todos los corazones y la bella patria que les ha dado, y que lleva el nombre del Divino Salvador, se convierta en un país donde todos se sientan redimidos y hermanos, sin diferencias, porque todos somos una sola cosa en Cristo nuestro Señor (cf. Mons. Óscar Romero, homilía en Aguilares, 19 junio 1977).


    Quisiera añadir algo también que quizás pasamos de largo… el martirio de monseñor Romero no fue puntual en el momento de su muerte, fue un martirio, testimonio de sufrimiento anterior: persecución anterior hasta su muerte. Pero también posterior porque una vez muerto -yo era sacerdote joven y fue testigo de eso- una vez muerto fue difamado, calumniado, ensuciado. Su martirió se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado.


        No hablo de oídas, he escuchado esas cosas, ósea que es lindo verlo también así, un hombre que sigue siendo mártir, bueno ahora ya creo que casi ninguno se atreva, pero que después de haber dado su vida siguió dándola dejándose azotar por todas esas incomprensiones y calumnias. Eso da fuerza, solo Dios sabe, solo Dios sabe las historias de las personas y cuántas veces a personas que ya han dado su vida o han muerto se les sigue lapidando con la piedra más dura que existe en el mundo: la lengua.


        Por intercesión de Nuestra Señora de la Paz, cuya fiesta hemos celebrado hace pocos días, invoco la bendición de Dios sobre ustedes y todos los amadísimos hijos e hijas de esa bendita tierra.


    Muchas gracias.



Fuente:

http://es.radiovaticana.va/news/2015/10/30/mons_romero_%E2%80%9Cpastor_bueno,_lleno_de_amor_de_dios_y_cercano_/1183150






Fieles salvadoreños agradecen al Papa la beatificación de monseñor Romero



(RV).- Obispos y fieles de El Salvador han viajado a Roma para agradecer al Papa Francisco la reciente beatificación de Monseñor Óscar Romero.


La numerosa delegación guiada por obispos salvadoreños que peregrina a Roma se reunirá con el Papa Francisco este viernes en la Sala Clementina del Vaticano. Posteriormente, se realizará una concelebración eucarística en la Iglesia de Santa Maria in Trastevere.


“Un hombre de Dios, un hombre de Iglesia y servidor de los pobres”, así califican los obispos salvadoreños a monseñor Óscar Arnulfo Romero beatificado el 23 de mayo en El Salvador.


El Obispo auxiliar de San Salvador, monseñor Gregorio Rosa Chávez, confía a Radio Vaticano anécdotas personales que vivió con el beato Romero, a quien conoció personalmente cuando era joven, y posteriormente fue testigo en la Iglesia de El Salvador los años siguientes a su asesinato.


Además, monseñor Gregorio Rosa Chávez agradece a Radio Vaticano por “conservar la memoria" de monseñor Romero y envía un mensaje a la audiencia de la radio del Papa.


Monseñor Óscar Arnulfo Romero es “un hombre de Dios, un servidor de la Iglesia y un servidor de los pobres como lo describimos los obispos con estas tres palabras a Romero… ese es el hombre que hay que conocer, a quien hay que amar, a quien hay que seguir, como él siguió a Jesucristo”.


Ante el reconocimiento del martirio de monseñor Romero, los pastores salvadoreños están pidiendo dos milagros: a nivel local la reconciliación verdadera en el país y vencer la violencia y a nivel global que el beato Romero sea un ícono de lo que el Papa Francisco sueña como pastor ‘una Iglesia pobre para los pobres’.


“Estamos muy agradecidos con el Santo Padre, vendremos a darle gracias como comunidad salvadoreña… el mundo tiene en Romero un ícono de lo que la Iglesia sueña para los pastores, un pastor que va adelante del rebaño, como dice el Papa, en medio y detrás del rebaño, un pastor que tiene olor a oveja y que da la vida por su rebaño”.


(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).


Fuente:

http://es.radiovaticana.va/news/2015/10/29/fieles_salvadore%C3%B1os_agradecen_al_papa_el_beato_oscar_romero_/1182887







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Francisco se dirigió así al grupo de salvadoreños, compuestos por unas 500 personas, que hoy fueron recibidos por el pontífice para agradecer el reconocimiento como beato de Monseñor óscar Arnulfo Romero. - See more at:



El papa Francisco afirmó hoy que el martirio del arzobispo de San Salvador, Oscar Romero, recientemente beatificado, continuó después de su asesinato por las calumnias de "sus hermanos del sacerdocio y del episcopado".


Francisco se dirigió así al grupo de salvadoreños, compuestos por unas 500 personas, que hoy fueron recibidos por el pontífice para agradecer el reconocimiento como beato de Monseñor óscar Arnulfo Romero.


"Quisiera añadir algo también que quizás pasamos de largo. El martirio de monseñor Romero (...) fue también posterior porque una vez muerto -yo era sacerdote joven y fui testigo de eso- una vez muerto fue difamado, calumniado, ensuciado. Su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado", añadió el papa al discurso previsto.


Y agregó: "No hablo de oídas, he escuchado esas cosas, o sea que es lindo verlo también así, un hombre que sigue siendo mártir, bueno ahora ya creo que casi ninguno se atreva, pero que después de haber dado su vida siguió dándola dejándose azotar por todas esas incomprensiones y calumnias".


"Cuántas veces a personas que ya han dado su vida o han muerto se les sigue lapidando con la piedra más dura que existe en el mundo: la lengua", exclamó.


El arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 mientras daba misa por un sicario, fue beatificado el pasado 23 de mayo en una ceremonia en San Salvador, después de que su causa de beatificación se acelerara con la llegada del pontífice argentino.


El postulador de la causa para la beatificación del arzobispo de San Salvador, Vicenzo Paglia, había denunciado las dificultades y los "fuertes prejuicios" que se presentaron durante el proceso y cómo durante años creció "una montaña" de cartas contra Romero.


Durante su discurso, el papa también citó a Rutilio Grande, también asesinado en 1979 y cuyo proceso de beatificación ha comenzado, y dijo que estos mártires "son un tesoro y una fundada esperanza para la Iglesia y para la sociedad salvadoreña" y cómo "el impacto de su entrega se percibe todavía en nuestros días.


Explicó que el Salvador "tiene aún por delante una serie de difíciles tareas y citó "favorecer la promoción y el desarrollo de una nación en busca de la verdadera justicia, la auténtica paz y la reconciliación de los corazones".


Francisco hizo suyos los deseos del beato Monseñor Romero, quien "con fundada esperanza ansiaba ver la llegada del feliz momento en el que desapareciera de El Salvador la terrible tragedia del sufrimiento de tantos de nuestros hermanos a causa del odio, la violencia y la injusticia".


Y pidió que el Señor,"convierta todos los corazones y la bella patria que les ha dado, y que lleva el nombre del Divino Salvador, se convierta en un país donde todos se sientan redimidos y hermanos, sin diferencias, porque todos somos una sola cosa en Cristo nuestro Señor", al citar la homilía en Aguilares de 19 junio de 1977 de Romero.


De la delegación que hoy fue recibida por el papa formaban parte el presidente de la Conferencia Episcopal salvadoreña, Luis Escobar Alas, y los obispos salvadoreños Elías Bolaño y Gregorio Rosa Chávez, así como el ministro de Relaciones Exteriores, Hugo Martínez y el secretario de Gobernabilidad, Hato Hasbún.



Fuente:

http://www.laprensagrafica.com/2015/10/30/el-papa-dice-que-monseor-romero-fue-calumniado-tambien-por-los-obispos